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viernes, 9 de febrero de 2007

Esta paranoia es de Ender Wiggins

Metro

Ya ha amanecido. El sol me saluda como siempre, haciendo que guiñe los ojos para acostumbrarme a la luz del día. Nada más salir del portal, hago ademán de buscar mis gafas de sol. Inútil. Me las he vuelto a dejar en casa. En fin...

Avanzo por la calle, mientras trato inútilmente de deshacer el nudo del cable de los auriculares. Enciendo el MP3, y veo como mi autobús pasa a toda pastilla por mi parada.

Dónde estarán los atascos cuando los necesitas, digo yo.

Salgo corriendo inútilmente sólo para ver como el autobús para, recoge a un par de pasajeros y se va mientras las dos chicas del otro día, esta vez vestidas más normalitas, me miran con una sonrisa de oreja a oreja en la cara (y no creo que estén ligando conmigo).

Dónde están las aglomeraciones de usuarios de transporte público cuando las necesitas, digo yo.

Me resigno a ir al metro andando.

Por el camino me doy cuenta de que hace 3 meses que no cambio la música del MP3. Lo apago y saco un libro. Sorteo dos farolas y una caca de perro antes de llegar a la boca de metro, aunque mi camiseta no tiene tanta suerte y acaba regada por una señora que cuida mucho a sus petunias. Bueno, no viene mal algo de fresquito en verano, aún a estas horas de la mañana.

Bajo las escaleras del metro, paso por la taquilla, paso el abono de metro, arrugado y doblado, y, milagrosamente, pasa (ayer me lo dejé en el bolsillo del pantalón y hoy tenía forma de escultura abstracta). El guardia me dedica dos segundos completos antes de decidir que soy otro pringado camino del trabajo.

En el andén hay 10 ó 12 personas, todas a su aire. Ni siquiera me siento, en la pantalla pone que llegará un metro en 1 minuto. Miro un poco el refrito de curiosidades que ponen en el canal del metro y me entero de que hay una epidemia de pandas en china (¿?). Llego a desvariar lo suficiente como para imaginar una nube de pandas sobrevolando los campos de arroz y aterrizando cual misiles sobre los desprevenidos agricultores a morderles la yugular (arroz con carne). El metro llega. Interrumpo mis desvaríos y entro en el último vagón, para bajarme justo a la puerta de mi estación destino. Nada más entrar, el aroma matutino del metro me golpea; sudor, calor,...
...
Un momento.
Mentira. Lo que me golpea es un olor como... como...un perfume. Huele a algo parecido al jazmín, pero más dulce. Hago una rápida revisión del vagón mientras camino hacia uno de los asientos libres que veo. El olor se va haciendo más intenso (voy por buen camino). Termino sentándome enfrente de una chica que, aun teniendo en cuenta mis poco agraciadas capacidades olfatorias, tiene grandes posibilidades de ser la fuente de mi ensimismamiento olfativo. Mientras me siento, la hago una revisión pormenorizada.

Es una chica morena, alta, pelo largo y liso. El libro oculta parte de su cuerpo (Ja), pero no está delgada a la desafortunada moda actual. Está absorta en un libro. ¿Dan Simmons?... mmm. Ya me cae bien. ‘La canción de Kali'. Sigo bajando y me topo con el borde de una camiseta blanca, la mitad de un ombligo, y el inicio de una falda negra.

En ese momento, el chaval que está a mi lado hace un movimiento que veo por el rabillo del ojo. Probablemente está admirando mi descaro. O eso, o me esta mañana me he puesto la camiseta al revés, porque no me quita ojo. Bajo la vista hacia mi libro, y de paso compruebo que mi camiseta está perfectamente arrugada, y del derecho. Al rato, el chico vuelve a su ocupación original, que es destrozar a teclazos su móvil de última generación jugando a juegos de los años 80. Ahora que vuelve a estar despistado, levanto la mirada, de reojo, con el libro abierto.

La falda termina un poquito antes de las rodillas. Sigo recorriendo el duro camino hacia abajo, disimulando con mi libro (madre, cómo me duelen los ojos de desviar la mirada), llego a los tobillos, desnudos, con la forma marcada, perfecta, casi nacarada, y una esclava de plata rozando la piel en el tobillo izquierdo. Si pudiera, la esclava estaría sonriente, mirando mi cara de envidia. Pero solo parece moderadamente satisfecha de su posición. Me vuelvo a acordar de los pandas-vampiro, sólo que lanzándose a los tobillos. Calma. "El miedo mata a la mente. El miedo es la pequeña muerte que conduce a la destrucción total. Afrontaré mi miedo. Permitiré que...que..." ¡Mierda!¡¿¿¿como continuaba???! Ya me he puesto rojo como un tomate. Espero que la chica...mmm... ahora que me fijo...
...
...
¡Está haciendo lo mismo que yo! (aunque desde hace menos tiempo, porque no parece que la duelan los ojos. O eso, o aguanta más dolor que yo. Lo cual es bastante factible)

Ahora sí que estoy nervioso. Con lo que me gusta admirar los objetivos inalcanzables desde la distancia, va la cabrona (QueBuenaEstá) y tiene que mostrar algo de interés. Creo. No sé. A lo mejor es que la gusta leer con los ojos estrábicos. O a lo mejor es estrábica. Y no te habías dado cuenta. Como siempre estás mirándoles las te...

ARRRRRGGGGHHH!

Dejo de mirar y vuelvo al libro. La voz monocorde del metro anuncia la siguiente parada. No te bajes ahí, o voy a llegar tarde al trabajo.

El metro se para. Se abren las puertas. O es tan despistada como yo, o no se baja. No ha levantado la mirada del libro (vaya, no es estrábica, ya no mira 'raro').

Uff.

El metro cierra sus puertas y sigue. Ha entrado una ancianita, que mira con suficiencia a todo el vagón. Su mirada dice "Malditos niñatos hippies revientachinchetas comemierda, dejad el sitio a una dulce ancianita. Sí, tú, el que estás leyendo, también va contigo, listillo", aunque lo dice con una sonrisa muda en los labios. Eso parece confundir a todos los pasajeros, que no la hacen ni caso. Pero no a mí. Debe ser que nunca han ido en metro.

La cedo el asiento antes de que me dé un bastonazo. Mientras me levanto, la oigo murmurar algo así como "mgshcgraciashh..." de manera bastante inaudible, mientras yo me posiciono estratégicamente apoyado en la barra metálica, con el asa de la mochila enroscada en una pierna, el libro en una mano, la cazadora en el otro y mi mirada centrada en el libro. Es un momento de máxima atención. Todos miran de reojillo al pardillo que ha cedido el sitio. Algunos incluso levantan la mirada, con cara de sorprendidos, como diciendo "¡oh!... ¡había una viejecita! si lo llego a saber, la cedo el asiento, pero es que estaba despistado, con este libro tan majo,..."

Leo dos líneas y vuelvo a desvariar con los pandas. Esta vez tienen unas piernas de infarto y una minifalda negra que se agita cuando hacen el picado sobre los inocentes agricultores. Todos con mi cara.

Cierro el libro. Mi parada se acerca. A ver si hay suerte.

Dada mi posición privilegiada (ya lo dicen en las películas, las posiciones desde lo alto son fácilmente defendibles), miro sin disimulo otra vez a sus tobillos. Me recreo otra vez con la esclava de plata, que esta vez me muestra una estudiada indiferencia muy común en la bisutería. Sigo bajando. Mientras me doy cuenta de que lleva unas sandalias, miro discretamente al público no sea que mis babas estén salpicando a alguien. Vuelvo a las sandalias. Son bastante bonitas. Sencillas, pero bonitas. A lo mejor es el pie, que me vuelve tonto y dejo de tener criterio con el vestuario, pero son las sandalias más bonitas que haya visto nunca.

La sandalia es alta, con un tacón fino. Es de color hueso, de piel, con el interior en negro brillante, como cuero (SeMeVaLaolla); sólo cubre las cercanías de los dedos de los pies, dejando al descubierto, tanto la cara superior del pie, con su piel suave y rosada, como los dedos, delicadamente arracimados y con las uñas pintadas en un rosa pálido. Me recorre un escalofrío.

A estas alturas, ya estaba como una moto. En mi mente había tal lío que ni siquiera oí como la misma voz monocorde de antes anunciaba mi parada de metro. Ni siquiera vi al chaval del móvil guardarlo en su mochila y mirarme descaradamente. Bueno, eso si lo vi. Pero lo interpreté mal (obviamente, todos mis sentidos estaban tratando de comunicarse telepáticamente con las sandalias para que se pusieran en pie y andasen hacia la puerta que estaba justo a mi lado)

El metro se para. La chica se levanta. Yo entro en modo pánico. Me doy la vuelta, cogiendo la mochila y poniéndomela al hombro. La chica se pone a mi altura, esperando a que se abra la puerta. La puerta se empieza a abrir. Mi pulso se va de maratón. El chico del móvil se levanta y,...

Agarra el bolso de la anciana sentada a su lado, y hace ademán de correr. Con tan mala fortuna que me pilla moviéndome y mirando a la chica a la vez.

MEEEEEEC. Colisión inminente.

Como a cámara lenta, veo la cara del chico; "esto no me puede estar pasando a mí". Se da de bruces con mi costado, y la inercia, que es una perra, hace que yo dé con el costado de la poseedora de los maravillosos tobillos. Ella debe ver mi cara, mitad felicidad, mitad agilipollada; "¡esto está pasándome a mí! ¡¡¡A mí!!!". La chica se desequilibra (con esos tacones yo no saldría en días de viento) y da con el culo en el suelo, mientras yo trato de a) quitarme de encima al chico b) no caer encima de mi 'conquista por contacto'. Consigo lo segundo por los pelos, rozando con la cabeza su falda. Mi pulso hace tiempo que va como una canción de Nine Inch Nails en versión pitufos maquineros. El chico hace ademán de levantarse, pero cae redondo, presa de un BMV (Bastón Mortal Volante)

La chica se levanta y me roza la cabeza con su pierna izquierda (ahora que mi pulso empezaba a recuperar el ritmo normal, sufre un espasmo.). Me quedo como un imbécil en el suelo, con el chico encima durante unos segundos, oyendo de fondo a la anciana gritar algo sobre inseguridad ciudadana. Ja. Que se lo digan a este; la próxima, antes de robar a una anciana, lo intenta con un portero de discoteca. Y de repente, lo oigo:

- ¿Estás bien?

La voz me termina de atontar, en un sentido, y de despertar en otro. Todas mis neuronas hierven con un solo impulso eléctrico:
"¡¡¡conteeeeeesta, anormaaal!!!".

Y hago algo mejor que eso. Me levanto, cogiendo al chico de la cazadora y apartándolo, cojo el bolso y se lo doy a la anciana, que me mira con desconfianza y murmura un "mgshcgraciashh...". Me doy la vuelta y mis neuronas toman el mando:

- Sí, creo que no ha sido nada. ¿Y tú?

- Bien, un poco dolorida - dice tocándose el culo (AyDios). - Alucinante. No había visto nunca un intento de robo.

- Bueno, la verdad es que ha sido más bien de suicidio. Oye, una cosa... ¿qué te parece si...


Continuará...(?)

P.D: Para los que hayan llegado hasta aquí. La idea ha surgido, originalmente de este video, que he visto en yonkis.com




No preguntéis porqué... Yo tampoco lo sé.




11 comentarios:

Duczen dijo...

Me lo he leído rapidito (cosas del trabajo)...

No te voy preguntar por qué de una jam session (muy guapa) te sacas una historia con tobillos. No seguiré por ese camino que yo y los tobillos estamos traumatizados... Es curioso, cada uno sacaríamos historias tan diferentes.

Me gusta lo de las referencias. Podrían animarse los demás y escribirse algo enlazándolo (o no, da igual)

Luego publico el texto que te he comentado, no es un relato, ya me dirás (diréis)...

Cuando vuelva del fin de semana me lo leo con más calma y comento... y decido si te robo o no el agua.

Ender Wiggins dijo...

a) creo que el relato le debe más a Terry Pratchett que a la Jam session... cosas de estar leyendo "Mort".

b) Mi PutoEgo (tm & (c) Duczen) te agradecerá lo primero y te maldecirá por lo del agua.

Pujimon dijo...

Jooooooooooooo, el final, no de la historia sino del post, me ha jodido la pregunta que estaba incubando minetras leia, atentamente (estoy más aburrida que un mono) la historia.

Pues ya no la puedo hacer porque me la has contestado sin hacerla, que pena yo tenia la ilusión de que la respuesta fuera otra...... yo esperaba..............

Ender Wiggins dijo...

¿qué esperabas? ¿¡queeeé!?
¡¡¡ay, que misterio!!!
:-D
¿Qué esperabas? ¿que la vieja se liase con el chaval del móvil?
:-d

Duczen dijo...

Comentando todo menos el Post..

He encontrado en 7227.blogspot.com este video de chirigotas

http://www.youtube.com/watch?v=WwS4eVGBkAA&mode=related&search=

Me parto con las chirogatas de cadiz.

"(C)&(TM)" en un blog con copyleft y Creative commons es Putoego.

Jon y Yo (parece una true storie)nos vamos al monte a sodomizar piedras... más él, y a la vuelta te releoooooooo.

Jon Nieve dijo...

Duczen y yo nos vamos al monte...y mientras a el le sodomizaran las piedras yo me tomare una cerveza

BridgetManson dijo...

me ha gustado, mucho. y el video tb.
por cierto Jon, gracias por contestar a mi sms...

Duczen dijo...

Me lo acabo de leer despacito... y mejora.

Me gusta la mezcla de realidad con imaginación del personaje, las comparaciones que usas y la idea.

Pero, y ese ataque de súbito valor del final de un hasta ese momento tímido personaje soñador en medio de un atraco ¿?... será la adrenalina.

Puedes mantener tu especia... por ahora.

Ender Wiggins dijo...

El atraco es la excusa. Aparte,
a) el no empieza a hablar
b) todavía no sabemos qué dice
c) el personaje estaba quedando demasiado tímido para la base de inspiración.

la melange es la vida.
a ver si el de los ojos azules se curra el post del fremen majo.

Pujimon dijo...

pues esperaba que fuera una true story y que realmente fuera un suceso que le había acontecido a nuestro amigo Ender.

Ya veo que no, mala suerte .........

Mola la historia. Pero hubiera molado más conociendo al protagonista, cachis.............

Ender Wiggins dijo...

hombre, el personaje inicial... Bueno. me voy a callar. digamos que la base del personaje inicial es real. Las historias, no. bueno, algún trozo de alguna sí. Bueno, me estoy liando. Y Bueno, no soy yo, por si alguien piensa lo contrario. Vale, el fetichismo tobillero si es mío, pero... no es una situación real, 'ninios y ninias'.