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Sistema métrico decimal |
Ibas sentada en el
metro, justo enfrente de mí. Al principio no te presté mucha atención. Yo miraba
mi móvil, distraído. Pero poco a poco tu presencia me obligó a levantar la
vista. Tu pelo, tus ojos, fijos también en tu móvil..tus labios, tu naricilla de
duende..tu forma de vestir..me cautivaron.
De pronto sentí unas ganar enormes de comunicarme contigo.
De gritarte ehhh…estoy aquí, quizá soy yo tu media naranja, mandarina o lo que
sea…quizá hemos nacido para estar juntos, ¡averiguémoslo!..pero tú ibas a lo
tuyo, y el resto de viajeros, incómodos
invitados para mí, te acompañaban como muebles de una oficina rodante y gris. Tu
mirada no se despegaba de la hipnótica pantallita de cristal. La mía hacía ya mucho tiempo que volaba buscando la
tuya.
Dos pasos y un mundo nos separaban. En ese instante
fantaseé con enviarte un mensaje imaginario, de mi teléfono al tuyo..o que mis
70.000 seguidores de Twitter te gritasen a la vez: ¡Hazle un poco de caso,
quizá merezca la pena! Tú como si nada, normal, mirando la pantalla de cristal.
Dios, en plena era de la comunicación, y todo tan difícil. ¿Para qué coño quiere uno 70.000 followers si no sirven para decirle un par de palabras a la chica que tiene enfrente?
Una señora despistada te preguntó algo sobre la próxima
parada. Yo me alegré muchísimo: ¡iba a escuchar tu voz! Me encantó claro, como
el resto de ti. Y la sonrisa que le regalaste al darle la respuesta….¡deseé que
fuera mía para siempre, esa y cincuenta mil más! Sabía que eso era la
felicidad.
Dos paradas más y llegaría a mi destino. ¿Cuál sería el
tuyo? Otro muy distinto, seguro. Muy pronto, si nada lo remediaba, la maraña de
líneas, paradas, escaleras mecánicas y vestíbulos nos separarían para siempre.
Te levantaste. ¡Que se vaaaa! ¡Síguela! Mi voz interior me
apremiaba a no dejarte escapar. Creo que hasta el pasajero de mi lado se dio cuenta
de mi inquietud, y me miraba con aire entre intrigado y despectivo. En otros
tiempos me habría levantado y te habría dicho algo, me habrías mandado a paseo,
o no…pero habría actuado. Eran tiempos en que mi corazón era un motor en plena
forma, galopante, nuevecito, sin cicatrices…hoy era ya una máquina gastada que
apenas realizaba desganadamente su función.
¿Levantarme, seguirla..? ¿Para qué? Para hacer el ridículo…no el ridículo no me importaba desde hace mucho tiempo ya. Imaginaba que tenía éxito: que por alguna extraña razón me dabas tu número de teléfono, y quedábamos, y todo era maravilloso…pero un pensamiento negativo me invadió: seguro que al final, como tantas veces, todo se jodería: la rutina, el tedio, la prosa de la vida que se come al verso, el gris que lo vuelve a invadir todo…¿para qué?
¿Levantarme, seguirla..? ¿Para qué? Para hacer el ridículo…no el ridículo no me importaba desde hace mucho tiempo ya. Imaginaba que tenía éxito: que por alguna extraña razón me dabas tu número de teléfono, y quedábamos, y todo era maravilloso…pero un pensamiento negativo me invadió: seguro que al final, como tantas veces, todo se jodería: la rutina, el tedio, la prosa de la vida que se come al verso, el gris que lo vuelve a invadir todo…¿para qué?
Las puertas se abrieron. Y con aire cansado, pero movido por
una pequeña chispa que creía apagada en mi interior, te seguí. Todos y cada
unos de los transeúntes del metro parecían confabularse para alejarme de tus
pasos. Y tú, sin apenas moverte, extrañamente volabas. Escaleras mecánicas, un
pasillo…y por fin estoy caminado a tu lado. Codo a codo. Tú sigues mirando tu
móvil, yo sin saber qué decir…lo guardas…¡es mi oportunidad!
-Perdona, ¿tienes hora?- Definitivamente estoy acabado, pero
al menos así logro que tus ojos se crucen una décima con los míos.
-Las 9 y 9, me contestas, correcta, precisa, milimétrica…y
vuelves a bajar la mirada.
Yo no sé qué decir ni qué hacer…de repente el pasillo se
bifurca…a la derecha está mi ruta…decido seguirla…si es la tuya también…que decida el destino.
Camino unos pasos, miro hacia atrás. Ya no estás. Una sensación de soledad me
invade. Ah, si me hubiera cruzado contigo unos años atrás, antes de las
cicatrices, cuando tenía un corazón nuevo…Me sentí viejo por primera vez.
6 comentarios:
muy chulo. mola que retomes el blog :)
¡Gracias Ros!Retomo el mío y los que merecen la pena como el tuyo y el de ese tal Duczen.
lo bien que , expresas , lo que yo pienso , que pena mi corazón también está lleno de cicatrices , me encantó un saludo
Me ha encantado. Saludos y que los "dioses" estén contigo, contigo :)
Muy buena historia. Y muy real...
Precioso!!!! Me ha gustado mucho. Ciertamente, me acabo de dar cuenta q yo tb soy vieja...cada día más y más miedo al fracaso en el amor.
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