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Ella se los tira |
En el barrio tenemos a una mujer a la que llamamos la que se tira... la que se tira encima de los coches y luego los denuncia. Lleva entre tres y cuatro. No sabemos el número exacto, es parte del mito, pero conocemos a dos desafortunados conductores con menos dinero y más deseos asesinos. Al principio pensamos que era una campaña de la DGT, pero no, al final resultó ser un plan de pensiones personal, ¡Dioses Gano Tanto!.
El título del post es para despistar y... tachan, tachan, tachan... un post largo, pero no tanto.
Nosotros nos reímos de la adorable ancianita (a distancia para no tentar a la suerte y a sus habilidades), que además es cliente nuestra y como tal es igual de prescindible que como peatón. Creemos que se está dando cuenta del cachondeo que tenemos con ella, principalmente a juzgar por los tres últimos encuentros que hemos tenido de viandante a vehículo.
1º.- Hace unos meses. Demandadora a punto de cruzar paso de cebra, es su campo de juego favorito, su coto de caza preferido. Nosotros paramos el coche dos metros antes del paso de caballos blancos a rallas ¿negras? y en previsión de posibles accidentes esperamos a que la abolla coches cruce y se aleje cuatro metros mientras aguantamos la risa y ponemos cara de investigados por el cisco. ¿Se llama cisco todavía?.
2º.- Hace unas semanas. Estamos estacionando (no usaba esta palabra desde la autoescuela, allá por... hace dos años, ejem), casi hemos terminado, tan sólo queda una última maniobra para dejar el coche más perfecto que un año sin disco de Pau Donés. De repente, dobla la esquina el azote de los parachoques. La vemos, nos ponemos en tensión y sin mover a penas un músculo salvo los estrictamente necesarios le comento a mi copiloto "Ni te muevas que esa es la que se tira... a los coches". Ambos nos quedamos quietos, es más no levanto el pie del freno y espero pacientemente a que la comercial de talleres de chapa y pintura se aleje más que suficiente. Detalle que advierto gracias a que por el rabillo del ojo puedo ver el retrovisor. Un minuto practicando el complicado arte de los mimos, no del cariño, si no de la quietud. Otra vez aguantando la risa.
3º.- Hace unos días. Calle del barrio, recta, sin coches aparcados y espacio disponible para ello en ambos lados. Vamos con el coche a velocidad moderada, menos de 50 km/h, que o somos muy cívicos y educados o mentimos en los post, a elegir. No, en serio, con esto no se bromea, ¡es broma!, no, en serio, es un tema muy delicado, como la moral de la lame matriculas. A unos 50 metros (o 51,3) diviso a mi izquierda a esa entrañable cabrona (cabrona sin cursiva, cabrona, cabrona y cabrona despectivo) y en un acto reflejo desvío el coche hacia el lado contrario (ella en el izquierdo, pues al derecho, ¿no?, es que tengo problemas de lateralidad, nunca sé por que lado empezar a comer unas buenas teeeee... tiramisú). Circulamos por el espacio reservado para el parking mientras la que te saco los cuartos que no tienes nos observa extrañada, o eso nos parece porque en ese momento nos estábamos partiendo el culo literalmente.
Si os encontráis a una, en apariencia, inocente abuelita, pero observáis que le brillan los ojos y adopta pose felina.... ni os mováis, aunque vayáis a pie.












