RSS Licencia
filtrar por alguno de los autores del fregao...
posts de Duczen posts de Ender posts de Jack posts de Jon posts de Pujimon posts de Ranio posts de Soy Grande posts de trasgu


Mostrando entradas con la etiqueta no es cosa mia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta no es cosa mia. Mostrar todas las entradas

miércoles, 28 de noviembre de 2007

Esta paranoia es de Anónimo

El infierno de papel




Llevaba más de una hora frente al folio en blanco. Por más que lo intentaba, a mi cabeza no acudía ni una idea, ni un atisbo siquiera. Nada. El vacío. De pronto, la sensación de vacuidad se hizo tan grande, que en un instante me vi arrastrado , absorbido, como si del negativo de un agujero negro se tratase, hacia las profundidades de un infierno de papel.

En un abrir y cerrar de ojos me encontré vagando como un alma en pena por una especie de Averno más blanco que la despedida de soltero de Maradona. Y no estaba solo. A mi alrededor, con la mirada perdida, desfilaban de un lado para otro una multitud de figuras espectrales. Para mi sorpresa, no todas me eran desconocidas: entre el maremagnum de rostros anónimos, pude distinguir a varios escritores y cineastas de renombre, algunos pertenecientes a otros siglos.

Me hallaba aún absorto, contemplando a un Oscar Wilde más triste que una semana sin domingo, cuando de pronto alguien me susurró:
¡¡ Alerta, arrodíllate !! ¡¡ Es el Maligno!!.

Inmediatamente se alzó majestuoso ante mí un ser realmente aterrador: el cuerpo estaba hecho de retazos de animales, pero eso no era lo más horripilante: el terrible engendro poseía tres cabezas. Dos se correspondían con la de Fernando Vizcaíno Casas. La tercera era una visión aún más espeluznante: con intervalos de tres segundos se alternaban en ella la efigie de Curry Valenzuela y César Vidal.

"¿ Qué ocurre? ¿ Dónde estoy?", acerté a preguntarle a la figura errante de Miguel Delibes. "Cualquier creador visita este lugar tarde o temprano" Me contestó. "A todos les ocurre. Pero basta con recobrar la inspiración para volver a salir".

Yo no salía de mi asombro. "Pero..., ¿ y si no la recobro?" Pregunté. Su gesto se volvió grave: "Entonces vagarás eternamente por aquí, y no sólo eso, sino que además tendrás que leerte entero el Ulises de Joyce". Un sudor frío recorrió mi frente. Jamás creí que fuese posible tanta maldad.

"Tengo que concentrarme, tengo que concentrarme..." pensaba. De pronto, un agudo dolor en la pierna vino a despertarme. Abrí los ojos profiriendo un alarido, y pude comprobar que ya no me encontraba en el infierno de papel. Volvía a estar en mi habitación. Pero el dolor era más intenso cada vez. Miré hacia abajo y vi lo que me estaba provocando aquel suplicio:
¡¡ el folio en blanco me estaba mordiendo la pierna!!.

La verdad es que no le culpaba:
lo hacía en defensa propia.

Trasgu.