|
|
El infierno de papel |
En un abrir y cerrar de ojos me encontré vagando como un alma en pena por una especie de Averno más blanco que la despedida de soltero de Maradona. Y no estaba solo. A mi alrededor, con la mirada perdida, desfilaban de un lado para otro una multitud de figuras espectrales. Para mi sorpresa, no todas me eran desconocidas: entre el maremagnum de rostros anónimos, pude distinguir a varios escritores y cineastas de renombre, algunos pertenecientes a otros siglos.
Me hallaba aún absorto, contemplando a un Oscar Wilde más triste que una semana sin domingo, cuando de pronto alguien me susurró:
¡¡ Alerta, arrodíllate !! ¡¡ Es el Maligno!!.
Inmediatamente se alzó majestuoso ante mí un ser realmente aterrador: el cuerpo estaba hecho de retazos de animales, pero eso no era lo más horripilante: el terrible engendro poseía tres cabezas. Dos se correspondían con la de Fernando Vizcaíno Casas. La tercera era una visión aún más espeluznante: con intervalos de tres segundos se alternaban en ella la efigie de Curry Valenzuela y César Vidal."¿ Qué ocurre? ¿ Dónde estoy?", acerté a preguntarle a la figura errante de Miguel Delibes. "Cualquier creador visita este lugar tarde o temprano" Me contestó. "A todos les ocurre. Pero basta con recobrar la inspiración para volver a salir".
"Tengo que concentrarme, tengo que concentrarme..." pensaba. De pronto, un agudo dolor en la pierna vino a despertarme. Abrí los ojos profiriendo un alarido, y pude comprobar que ya no me encontraba en el infierno de papel. Volvía a estar en mi habitación. Pero el dolor era más intenso cada vez. Miré hacia abajo y vi lo que me estaba provocando aquel suplicio:
¡¡ el folio en blanco me estaba mordiendo la pierna!!.
La verdad es que no le culpaba:
lo hacía en defensa propia.
Trasgu.












